Yo no la maté.

Cuando me preguntaron si había sido yo, no sabía qué responder. ¿Cómo chingados habría sido yo, si en sus ojos se reflejaba mi alma? Por supuesto que yo no fui. 

Oficial, usted tiene razón, cuando sucedió el asesinato yo estaba con ella, yo estaba ahí y eso no lo puedo negar, lo que no acepto rotundamente es que yo la maté, eso yo no pude haberlo hecho. Estábamos riéndonos bajo la luz del ocaso, haciéndonos cosquillas y recordando la primera cita, qué cagada de cita, tengo que reconocer que la voz aún no terminaba de cambiarme y los gallos adolescentes eran impredecibles, como el alma. 

Platicando sobre la vida me comentó que ya la habían aceptado en la universidad, que se iría en dos semanas y que su avión sería el primero en salir de la primer madrugada de septiembre, yo no lo sabía ¿por qué no me lo dijo antes? sabe que la amo. Sabe que puede confiar en mí. Seguí intentando parecer feliz y amarla como nunca antes lo había demostrado, le dije que no se fuera pero al parecer era una decisión ya tomada, casi inevitable. Ella siguió hablando de su día a día y a contarme que Ramiro engañó a Sofía, pero porque estaba pedo y se le hizo fácil. Sofia está enamorada de Ramiro. Sofía lo perdonó. 

El tiempo pasó tan rápido que cuando me dí cuenta había terminado el ocaso, se levantó y me dijo que tenía que irse ¿por qué me quiere abandonar? Si yo no la he engañado con nadie. Comencé a verla y en sus ojos se reflejaba lo negro de la noche, insistió en irse pero le apreté la muñeca de la mano, le tomé del cuello y la besé con tanto amor que sintió asfixiarse. Me suplicó que la dejara. Qué pinche egoísta es ella, siempre pensando en todo menos en mí.  La tomé del cabello y le solté tres golpes para que pudiera reaccionar y entendiera que yo la adoro. No se puede ir. No puede dejarme. 

Oficial espero usted entienda, teníamos mucho tiempo juntos, ¿por qué pensaba abandonarme? Se me fue la risa, la esperanza, el amor. Saber que el amor de mi vida se iría porque no me quiere y porque es una egoísta, voluble, envidiosa y además interesada me destrozó el corazón. ¿En serio merecía yo tanto desprecio?. Oficial, yo no la maté, se lo juro; estuve ahí en el preciso momento en el que su hermosa cara chocó contra la pared de piedra de la catedral. También estuve cuando la sangre corrió por mi mano hasta comenzar a gotear la esperanza de un nosotros. Ella quería dejarme. 

Yo no la maté oficial, fueron estas putas ganas de no querer quedarme solo con todos estos sentimientos encontrados que ella me provocaba, ella no me quiso tanto como yo creía.


Yo no la maté y sin embargo estoy aquí, aceptando el hecho de que en el amor siempre alguien sale perdiendo. Qué egoísta era ella; no quiso quedarse y eso fue lo que la cagó, como mis nervios en la primera cita. Como mi instinto de confundir mi alma con la oscuridad del ocaso. 

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