NO TODO ES TAN MALO.

Lunes 6:00 am.

 Suena la alarma, me escurro sobre la cama para alcanzarla y apagarla, maldita sea, otra vez se me hizo tarde. Me levanto, corriendo  y esquivando todo lo que encuentro tirado en el piso, debí limpiarlo el fin de semana — recordé — atravieso el pasillo hasta llegar al baño, ¿¡Quién le puso seguro!? Grito y me encabrono. Que por qué a mí, que siempre me toca cuando se me hace tarde, que ahora cómo le hago, bueno no importa, no tengo tiempo para enojarme ni pelear con la puerta, corro al baño de mi hermana y cierro la puerta para disponerme a bañar. Me doy cuenta que nunca había entrado al baño de mi hermana. Todo rosa y con estrellas en el techo, como si fuera qué, comencé a desvestirme y entré a la bañera, rogando a todos los santos y al universo, hasta a la madre tierra — Por si acaso ella lograba un cambio positivo en mi día — para que surgiera el agua caliente. ¿Funcionó? No, definitivamente no, lo único que conseguí fue agua del clima del Everest, y eso es poco.

 Aquí estoy yo, luchando con mis demonios mañaneros y la irresponsabilidad de despertarme tarde, ¿Por qué me levanté tarde? Ni siquiera fui a mi cita con el peluquero — Por segunda ocasión— pero bueno eso es lo de menos, lo que importa ahora es ducharme. Sintiéndome en la película de los espartanos me meto gritando a la regadera como si eso fuera a volver el agua caliente, ojalá funcione.

6:14 am. Cuando estaba a punto de terminar de ducharme y por fin me quitaba todo el jabón olor a fresas con coco y también con acondicionador y reparador de puntas abiertas para cabello sensible, que por cierto  no entiendo por qué mi hermana usa tanto químico en su cabeza, tal vez por eso se le cae el cabello. Logré ver en por la ventana que ahí estaba Pamela, en su departamento con la ventana de su habitación abierta, paseándose, acomodando su ropa mientras se ajustaba cada 5 segundos la toalla que cubría su piel y secaba su cabello, me quedé admirándola un rato, tal vez dos minutos, tal vez fueron cinco. Ya se te hizo tarde, “tal vez después puedas espiarla desde la azotea, pinche acosador” —escuché a mi hermana cuando furiosa se dio cuenta que ocupaba su baño para ducharme— le dije que esperara, que tal vez tardaría más tiempo.

6:30 de la mañana. Habían pasado 30 valiosos minutos y yo apenas terminaba de ducharme, salí de la regadera, miré al espejo y como por arte de magia logré ver como de mi cara podía salir el volcán más grande del mundo, no sé si era el monte Vesubio o el popocatepetl, lo juro, me acerqué al espejo. ¿Ahora qué hago? Hoy es la foto de graduación, por qué diablos se le ocurre al señor grano salir hoy, pudo haber salido mañana o tal vez el fin de semana, pero ¿Hoy? ¿Enserio?

 Intentando reventarlo me doy cuenta que la tarea es imposible y que mi cara se ha convertido en una especie de híbrido mitad tomate con una bola enorme, roja y mallugada. No lo puedo creer, tenía la ilusión de que despertara y todo hubiese sido un sueño, pero lamentablemente no y ya eran 6:40, no sé qué tanto hago mal.

6:45 am. Intento seguir con mi día y comienzo a rasurarme con un rastrillo nuevo que encontré ahí, ¿que para qué utiliza mi hermana rastrillos? No quise entrar en detalles. Comienzo a rasurarme cuando de reojo empiezo a ver que Pamela comienza a desnudarse, tirando la toalla y comenzando a llenar de crema su cuerpo, ahora entiendo por qué huele tan rico — Supuse mientras intentaba observar y rasurarme al mismo tiempo— Mientras veía como combinaba su ropa interior, aunque siendo honesto, todos los colores combinan con ella. Olvido que me estoy rasurando y giro la cabeza para ver con más precisión sus piernas; esa, fue la peor — y la más idiota— forma de rasurarme. Comenzó a salirme sangre, me ardía como nunca y quería gritar, encontré solo un perfume que decía “eau de toilette 34% Alcohol”, supuse que estaba correcto y me rocié en la barba, estuve a nada de gritar pero Pamela se daría cuenta que la estoy espiando, y pues no.


6:57 am Me pongo un curita, me miro al espejo, mojado, con sangre, despeinado, con un barro que cubría la mitad de mi cara y con el tiempo caminando encima de mí. Vuelvo a mirar el reloj — Me doy cuenta que no sirve— y antes de entrar otra vez en desesperación, pienso que tal vez no es tan necesario aparecer en la foto de graduación, de todas maneras, ni que fuera a terminar mi carrera universitaria. Solo es la prepa —Pensé — y me dispuse a ver a Pamela, tranquilo, sin prisa y con una esperanza en que algún día se fijara en mí...

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