Regresé.

Es la primera vez de tantas veces que dejo de escribir y vuelvo al mismo intento. Mi escritorio para escribir está aquí, pero prefiero escribir en la cama. Justo cuando escribo siempre llueve. Dentro o fuera de mí, recuerdo aquel poema que dice que todo suena mejor con lluvia, y que puse la tormenta entre tus oídos y leí aquel trozo de papel manchado con recuerdos. Era tu favorito. No entiendo por qué intento no escribir sobre tí pero siempre te termino viendo. En mi espejo, en mis libros y en mis cuentos. Esto es lo último que te escribo y que emana de mis dedos así que aprécialo, te regalo estas últimas letras.
He estado intentando también escribir una novela, tengo todo perfectamente planeado y conozco la historia de principio a fin. No me atrevo a escribirla, dicha novela no quiere salir de mis dedos porque tiene miedo a ser juzgada ¿Por qué? Si las letras que escribo y los personajes que nombro no existen, y si existieran sería porque siempre tengo algo que contar o alguien a quien presumir. Pero esta vez camino solo.
En mi viaje de verano me llevé una libreta en blanco para intentar escribir las ideas que me viniesen a la mente en cualquier momento. Nunca lo intenté. El error radica en que mis ideas se escuchan mejor en mi mente. Si el universo diera fe de todos los poemas que he dicho antes de dormir, de todas las ideas que he tenido al depertar a causa de mis sueños; pero esa libreta tiene miedo a ser rayada con sueños rotos, desvanecidos y olvidadizos porque no recuerdo ni el inicio ni el final.
Ayer soñé que estaba en un desierto, que caminaba en conjunto con amigos aleatorios de mi vida y que llegábamos a unas piedras preciosas, blancas y enormes que me incitaban a escalarlas. Las escalé con todo ímpetu y con total rapidez que cuando me di cuenta ya estaba en la ante penúltima, la más alta. Cuando miré a mi alrededor podía ver como todo estaba marchito, todo estaba en tonos marrones pero había un pedazo de mi vista que se antojaba verde, con frutos y con agua y también animales voladores que no resultaban pájaros en su totalidad. Se me antojaba llegar. Al mirar abajo comenzaron a sudarme las manos y al mismo tiempo empecé a sentir el vértigo de todo un sueño hecho realidad. Escuchaba una voz que me decía que yo podía, que lo iba a lograr. ¿Lograr qué? Se preguntaba mi persona en aquel sueño. Al despertar tenía las manos cansadas de tanta fuerza y sudadas de tanto asombro, mis dientes comprimidos me acercaron a la realidad.
Y ahora lo escribo, después de no saber qué escribir durante medio año y dedicarme a redactar correctamente mis cuentos, a criticarme de manera obsoleta porque yo no puedo decirme que estoy mal. Ahora, en este instante suena un rayo y me suplica que mis dedos no dejen de escribir, pero es que hace tanto tiempo que mis dedos estaban oxidados, con las teclas las lleno de aceite y se guían sin mirar al teclado para poder escribir lo que sale de mi pecho. Llevo apenas seis minutos escribiendo.
Corrijo, cuatro. Corrijo también que en mis vacaciones lo único que he escrito es un poema, muy ajeno a mí por cierto, intenté seguir una estructura y resulté inventando otra. Menos pragmática, más personal. Espero poder lograr eso y por fin escribir una novela, promesa que me tengo desde los 20 años. Si José Agustín estuviera a un lado mío me hubiese regañado tanto y me hubiese dado tanta envidia porque sin pensarlo, nuestro pepe a sus 21 años ya tenía su obra maestra.
Y al menos tengo la meta de hoy, aflojar los dedos, los sentimientos las ideas y las corazonadas que mis pensamientos me dictan, las historias que he guardado durante tanto tiempo y que deben ser explotadas, por mi claro está. Esperemos pronto que si alguien se acuerda de mi (y espero que nunca me olviden) alcance a ver este escrito escrito y mal escrito por un individuo que prefirió usar su cama como escritorio y su escritorio como muestras de recuerdos. Esperemos también que pronto encuentre la razón para escribir y que sé dónde la tengo escondida, pero me da hueva buscar.

Intentaré hacer de mí una mejor versión, trataré también de escribir a mano porque pues tengo ganas de ser algo menos básico. Porque así surgen mis ideas. Les prometo también despertarme en la madrugada si así se me demanda el pensamiento. Qué grosero, qué bruto y qué grosero. 

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