Desperté nublado

Desperté nublado de clima y pensamientos, los relámpagos me deslumbraban y las ventanas rompían el viento. Hacía ya tiempo que era temporada de lluvias. Yo, si soy sincero, hacía tanto que había olvidado cómo era sentir el sol.

Me levanté de la cama y pude ver, a mi lado, la marca de mi cuerpo en forma húmeda y triste. Está goteando otra vez.

Me revisé los ojos secos y fríos que ahora eran ríos. Miré las palmas de mis manos, las mismas que lavaron mis fantasmas la última vez que creí en ti, recibiendo lo que confirmaba: la gotera que no encontraba.

Está goteando otra vez; las gotas caen en ritmos de miles y chocan contra mis hombros empapados. Estoy mojado de cabeza a pies; las gotas resbalan por mi frente, mi nuca, y detrás de mis orejas se transforma en una cascada diminuta.

Escucho tu recuerdo: “Ricardo tú que exageras”. Mis manos líquidas ven disolverse el mundo entre mis dedos. Mi cuello, mi espalda, mi pecho, mi pelo se vuelven agua, y yo pez. Llevo bastantes años tratando de recordar en qué momento comencé a tener tantas goteras. A veces siento que siempre he vivido roto.

O quizás ya era momento de quebrarme, para ser más que este cúmulo de escombros.

El cuarto, más que inundado, está hundido en este río que ahora soy. Y como el río corre al océano, me transformo en este mar de recuerdos.

Abajo, hasta el fondo del río, logro sentir piedras enormes de un color rojizo; ya no sé si soy yo o lo que queda de mí.

Cuando menos me doy cuenta, ya me gusta navegar en la tormenta. El río sigue creciendo, y yo ya estoy perdido en la corriente.

Está anocheciéndome, y tú te fuiste con el sol, llevándote la última memoria de calor que tuve.

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