Día de los ausentes (Un apando)

Han pasado 96 días desde la celebración del Día de los Ausentes. Desde entonces, dolor y gloria. Se le vio por última vez cerca del Ingenio de Oacalco y ahora, desde La Joya hasta el ingenio de San Carlos, todos gritan su nombre. 

A casi todo era alérgica. Al pasto, al polvo, al sol. Su cabello largo y rizado le ayudaban bastante a protegerse de ciertos males. Siempre le tuvo temor a lo que pudiese esconderse en las sombras, dicen sus hermanas. Asunción siempre se manejó así, inmutable de esperanzas.  

Eran las primeras horas del día cuando ella se encargaba de terminar sus deberes para proponerse un baño en el canal de agua que pasaba corriendo por el pueblo. A orillas del río solo se encontraron sus vestiduras ordenadas listas para usarse. 

Y es que siempre pasa y nunca se sabe qué esperar dentro del Día de los Ausentes. Mentira no es, se dice en el pueblo, que quien nunca quiere estar simplemente desaparece. Pero cada mala nueva siempre trae una deja de victoria. Asunción había dejado tras de sí algunas pistas que hicieron de su ausencia, un apando. 

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